Moscú propone una reunión entre Rusia, Estados Unidos y China en noviembre para discutir el fin de la guerra en Ucrania. El detalle incómodo: Ucrania no estaría invitada. Según fuentes cercanas a las conversaciones citadas por The Wall Street Journal, la cumbre tripartita podría realizarse durante la próxima reunión de la Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), los días 18 y 19 de noviembre en Shenzhen, China.

El Kremlin describe la iniciativa como una "posible" reunión y enfatiza que aún no hay propuestas sustantivas sobre la mesa. Sin embargo, Europa ve en esto algo más que una simple negociación. Los líderes de la Unión Europea dejaron claro la semana pasada que tienen un papel clave que desempeñar en cualquier acuerdo futuro sobre Ucrania. El portavoz de la Comisión Europea señaló además que si Putin realmente quisiera terminar la guerra, podría hacerlo en este momento.

El fantasma de Yalta

La inquietud europea tiene un referente histórico preciso: la Conferencia de Yalta de 1945. Allí, Stalin, Roosevelt y Churchill se sentaron en Crimea para definir el orden mundial después de la Segunda Guerra Mundial. Los soviéticos salieron ampliamente beneficiados y lograron controlar la Europa Oriental, estableciendo gobiernos satélites en Polonia, Rumania, Bulgaria y países bálticos.

Hoy, los analistas advierten que Putin podría estar buscando algo similar: una reunión donde las tres grandes potencias actuales (China, Estados Unidos y Rusia) definan sus áreas de influencia global. El paralelo no es caprichoso. Hace casi un siglo, el equilibrio mundial giraba en torno a dos superpotencias nacientes frente a un imperio en declive. Ahora, con China como potencia emergente con ambiciones globales, el panorama ha cambiado, pero el esquema propuesto sería similar.

Lo que preocupa a las capitales europeas es que esta cumbre podría servir como justificación formal para un nuevo reparto del mundo, con Ucrania como moneda de cambio y Europa excluida de las negociaciones que definirían su propio futuro.