La merienda puede ser una aliada útil cuando el hambre aparece entre el almuerzo y la cena. Pero la opción importa: elegir alimentos nutritivos en lugar de galletas o productos ultraprocesados ricos en azúcares marca la diferencia en cómo el cuerpo procesa esa comida.

Una de las combinaciones más simples y efectivas es mezclar arándanos con nueces. No requiere cocción ni preparación compleja: basta pesar las porciones y comer. La recomendación es usar aproximadamente tres cuartos de taza de arándanos junto a un cuarto de taza de nueces.

Por qué funcionan juntos

Esta pareja funciona porque cada ingrediente aporta algo diferente. Los arándanos traen hidratos de carbono y fibra. Las nueces suman proteínas y grasas insaturadas. Cuando se combinan estos elementos, el resultado es un tentempié más completo que ayuda a controlar tanto el nivel de glucosa como el apetito durante las horas siguientes.

Las nueces tienen algo especial entre los alimentos de origen vegetal: son una fuente significativa de ácido alfa-linolénico, un tipo de ácido graso omega-3. Esto las hace valiosas en cualquier dieta que busque incorporar grasas saludables.

La merienda equilibrada

El concepto de un snack efectivo no es complicado: mezclar hidratos de carbono con fibra y proteínas logra que la sensación de saciedad dure más tiempo. Esto es especialmente útil para quienes sienten hambre antes de la cena pero quieren evitar llegarte con demasiada voracidad a la mesa.

La ventaja de arándanos y nueces es que no necesitás recursos especiales. Es portátil, económico y funciona en la oficina, el hogar o mientras estás en movimiento.