Las dificultades económicas de Francia despiertan inquietudes sobre riesgos similares en otras economías europeas. El país galo enfrenta un déficit público elevado, deuda creciente y presión de los mercados que se traduce en rentabilidades de bonos históricamente altas. La pregunta ahora es si España puede seguir el mismo camino.

Por qué la situación de España es más favorable

Los números muestran una diferencia clara. En 2025, el gasto público español representaba el 45,3% del PIB, mientras que en Francia alcanzaba el 57,3%. Esta brecha de 12 puntos porcentuales marca el tono de la comparación.

El déficit público también diverge. España registró un déficit del 2,4% del PIB en 2025, frente al 5,1% francés. Lo más importante es la dirección: el déficit español bajó de 4,6% en 2022, mientras que el francés subió de 4,7% a 5,1% en el mismo período.

La deuda pública sigue un patrón similar. España la redujo de 109,3% del PIB en 2022 a 100,5% en 2025. Se espera que este año caiga por debajo del 100% por primera vez desde 2019. Francia, en contrario, vio crecer su deuda de 111,4% a 115,7%.

El crecimiento económico favorece aún más a España. Las proyecciones del Fondo Monetario Internacional estiman que crecerá por encima del promedio de la zona euro hasta 2031, con tasas de 2,5% en 2026 y 1,8% en 2027.

Las vulnerabilidades que acechan

A pesar de este panorama más favorable, el Banco de España señala que la deuda pública sigue siendo una vulnerabilidad, incluso con la tendencia a la baja. El envejecimiento de la población, las inversiones en defensa, la transición energética y la adaptación al cambio climático generarán mayores presiones de gasto en los próximos años.

La clave para que España evite la trayectoria francesa está en mantener una senda fiscal creíble que combine el control del endeudamiento con la financiación de estas nuevas necesidades. A diferencia de Francia, España cuenta con tiempo y mejores indicadores, pero no puede permitirse el lujo de bajar la guardia.