El router en la entrada es un clásico problema: arruina la estética del recibidor, genera un nudo de cables a la vista y además debilita la señal WiFi en los rincones más alejados de la casa. Pero existe una alternativa que resuelve estos inconvenientes sin sacrificar el rendimiento de la red.

El método consiste en crear un nicho en la pared ubicado detrás del televisor. En ese espacio a medida caben el router y los cables, quedando completamente ocultos cuando la pantalla está en su lugar. De esta forma, la vivienda mantiene su estética integrada sin que los equipos de red arruinen la decoración del salón.

Cómo funciona la red si el router no está en la entrada

La clave está en que el switch permanece donde siempre: en la caja de telecomunicaciones de la entrada. Este dispositivo es el encargado de distribuir la conexión por cable Ethernet hacia cada habitación de la casa. El router, en cambio, se traslada al nicho trasero de la tele para mejorar la cobertura inalámbrica en el salón y mantener los aparatos fuera de la vista.

La infraestructura de cables ya existente sigue funcionando sin modificaciones mayores. Lo único que cambia es la ubicación del router, que ahora emite señal desde un lugar más central de la vivienda. Al mismo tiempo, la entrada queda liberada de equipos visibles y el cableado desaparece de la zona común.

Ventajas más allá de la estética

Esta solución ofrece beneficios prácticos. Primero, mejora la cobertura WiFi al ubicar el router en un punto más céntrico. Segundo, permite que el hueco de la entrada se reserve para instalar un repetidor si en el futuro fuera necesario reforzar aún más la señal. Tercero, mantiene acceso al dispositivo cuando haya que reiniciarlo o configurarlo.

Lo importante es que el espacio esté diseñado específicamente para alojar los equipos y garantizar su ventilación. No se trata simplemente de esconder el router en cualquier lado, sino de planificarlo como parte del diseño de la vivienda desde el inicio de la reforma.