Boeing atraviesa un nuevo escollo con su línea MAX después de que se detectara un defecto en el software de a bordo del 737 MAX 7, avión que acaba de obtener su certificación de tipo. El hallazgo afecta también al MAX 10, cuya certificación se esperaba para las próximas semanas.
El problema radica en una situación muy específica: cuando el piloto automático experimenta una aproximación fallida y luego se reprograma la trayectoria, puede perder una de sus funciones críticas. En particular, deja de mantener automáticamente las alturas programadas previamente. En sí mismo, el fallo no representa un riesgo grave para la navegación, pero incrementa la carga de trabajo de las tripulaciones en momentos donde están bajo mayor presión operacional.
El timing complicó todo
Lo que molestó más a los reguladores fue el procedimiento. Boeing conocía el defecto desde finales de 2024, pero no lo clasificó como un problema de seguridad. Las aerolíneas recién se enteraron en agosto de 2026, muchos meses después. La Administración Federal de Aviación (FAA) de Estados Unidos rechazó que Boeing presentara ambos modelos a certificación con el fallo aún sin resolver.
El contexto agrava la situación. Los 737 MAX enfrentaron dos accidentes fatales anteriores vinculados a fallos del sistema MCAS, lo que dejó a los reguladores extremadamente sensibles a cualquier problema de programación en esta línea de aeronaves. Este antecedente explica la postura inflexible de la FAA frente a un problema que, de otra forma, quizás hubiera sido tratado con mayor lenidad.
Las consecuencias son inmediatas: las primeras entregas del MAX 7 se retrasarán, y la certificación del MAX 10 se demorará significativamente. Boeing deberá corregir el software antes de que la FAA continúe con el proceso de aprobación.