En Córdoba existe una costumbre que sus habitantes viven intensamente cada 24 de octubre, día de San Rafael: el perol. No se trata simplemente de un plato, sino de toda una ceremonia gastronómica que mezcla comida, tradición e identidad colectiva.
El perol es un guiso de arroz que se prepara y se come al aire libre, en sierras, parques o patios. Los cordobeses lo consumen de pie y a cucharadas, en una experiencia que puede durar todo el día e incluir otras actividades comunitarias. La palabra perol designa a la vez el plato, el recipiente donde se cocina y el ritual completo que lo rodea.
Una tradición arraigada en la identidad local
Aunque los santos patrones oficiales de Córdoba son San Acisclo y Santa Victoria, el Arcángel San Rafael marca más profundamente la cultura de la ciudad. Su festividad moviliza diversos actos en todo el municipio, pero la tradición de ir de perol es lo que más caracteriza la celebración.
El arraigo es tan profundo que despertó el interés académico. La Cátedra de Gastronomía de Andalucía de la Universidad de Córdoba estudió esta práctica con el objetivo de impulsarla como Patrimonio Inmaterial de la UNESCO. La Guía del Patrimonio Cultural de Andalucía también documentó cómo esta costumbre ha permanecido como un evento comunitario que trasciende lo meramente gastronómico.
Para los cordobeses, el perol representa algo que rara vez comparten con turistas: un espacio íntimo y reservado para la familia y amigos. En medio de una región con gastronomía reconocida, esta tradición se mantiene como un secreto bien guardado que solo cobra vida en las fechas señaladas, cuando la ciudad entera se suma a celebrar a través de la comida compartida y el ritual colectivo.