La cocina española está llena de nombres que arrancan una sonrisa. El atascaburras manchego, el zarangollo, el zorongollo... y en Jaén tienen su propio candidato: el rin ran de bacalao, uno de los platos más populares de la región.
A pesar de su nombre aparentemente cómico, el origen del rin ran se remonta a un pasado de trabajo en las sierras andaluzas. Jornaleros y pastores de esas zonas impulsaron este guiso como respuesta práctica a la necesidad de una comida nutritiva y fácil de preparar. La etimología exacta del nombre se pierde en el tiempo, aunque hay quienes especulan que podría tratarse de una onomatopeya que representara la sencillez del proceso de cocción.
Una receta de pocas complicaciones
El rin ran es el ejemplo perfecto de cocina sin pretensiones pero con sabor. La base está en el bacalao limpio y desmenuzado. A partir de ahí, la preparación es directa: se pican cebollas en cubitos y se dejan un tiempo en agua fría para que pierdan intensidad.
Las ñoras, que son el toque diferencial, se tuestan ligeramente en aceite hasta que se ablanden sin quemarse. Una vez enfriadas, se retiran la piel y las semillas, conservando solo la carne. En la misma sartén se tuesta el bacalao a fuego vivo, se integran las ñoras troceadas y se añade la cebolla. El tiempo final de cocción permite que todos los ingredientes se fusionen en un guiso homogéneo.
Tradición que perdura
Más allá del nombre burlón, el rin ran representa la capacidad de la cocina popular para transformar ingredientes simples en algo memorable. Es un plato que refleja cómo las culturas gastronómicas regionales nacen del ingenio culinario de quienes no tenían acceso a recetas complejas, sino a lo que la tierra y el trabajo les ofrecían.