Javier Aguirre se convirtió este lunes en el nuevo entrenador del Valencia, un club que atraviesa su peor momento deportivo en la actual temporada de LaLiga. El técnico mexicano llega a Mestalla con la misión de sacar al equipo de la penúltima posición en la tabla, donde acumula apenas cuatro puntos.
Aguirre explicó su llegada en términos claros: no podía rechazar la propuesta de un histórico del fútbol mundial. Resaltó que el Valencia merece otra realidad y prometió convertir el estadio en un lugar que intímide a los rivales. Su contrato incluye una temporada más una opción adicional, aunque el mexicano prefirió no especular sobre el futuro. "Soy malo para imaginarme cosas", expresó durante la presentación en la sala de prensa.
Un diagnóstico claro
El entrenador reconoció que el equipo cuenta con talento individual considerable y una buena cantera, pero necesita recuperar la confianza. Observó que hay varios jugadores lesionados cuya vuelta será importante para mejorar el ambiente. Aguirre señaló que aún no tiene un diagnóstico completo de todas las necesidades del equipo y prefiere esperar antes de hacer análisis definitivos.
Filosofía de trabajo basada en la entrega
La identidad de los equipos de Aguirre se basa en la energía y el sacrificio. Subrayó que el esfuerzo no es negociable y que sus plantillas se caracterizan por una actitud combativa. Explicó que para vencer a sus equipos cuesta "sangre, sudor y lágrimas".
El mexicano fue contundente sobre su estrategia inmediata: el próximo compromiso será contra el Racing de Santander, y lo único que importa es una victoria. Rechazó confiar en mensajes o palabras bonitas. "La gente está cansada de mensajes", sentenció. La única respuesta válida que puede dar es ganar partidos, y lo hará lo antes posible.