Los inversores extranjeros alcanzaron un hito histórico en el mercado de deuda pública española: en junio de 2026, su participación superó el 50% de los títulos en circulación. De los casi 1,5 billones de euros de deuda total, aproximadamente 760.000 millones están en manos de ahorradores no residentes.

Este crecimiento no es repentino. Desde el término de la pandemia, la presencia de capital extranjero ha aumentado un 38% de forma sostenida. El Tesoro Público incluso anticipó este objetivo para 2026, reflejando una tendencia clara: España se ha vuelto más atractiva para el ahorro global.

Mejora de calificación y contexto económico

La confianza de los inversores internacionales se sustenta en factores económicos concretos. A finales de verano de 2026, las principales agencias de calificación (Moody's, Fitch y S&P) mejoraron la visión sobre España a A+ con perspectiva estable, marcando la primera revisión en seis años. Este cambio llega después de que en 2025 el país alcanzara la calificación A, nivel que no tocaba desde 2012, en plena crisis de deuda soberana.

El contexto económico actual también explica el atractivo. A diferencia de 2007 (cuando la deuda extranjera representaba el 45% y la economía se asentaba en la burbuja inmobiliaria), el crecimiento actual se sustenta en un mercado laboral robusto, aumento demográfico cercano a los 50 millones de habitantes y una actividad económica que supera la media de la eurozona. Un escenario completamente distinto: la crisis de vivienda que enfrenta España hoy es de escasez, no de exceso.

La otra cara: dependencia y vulnerabilidad

Sin embargo, este fenómeno tiene aristas menos positivas. La mayor presencia de inversores extranjeros hace que España sea más sensible a los cambios de percepciones globales. La prima de riesgo, indicador de estrés financiero que mide el diferencial con respecto a la deuda alemana, repuntó a 65 puntos tras los disturbios en Francia, cuando en agosto oscilaba en 40 puntos.

Además, esta radiografía subraya una creciente dependencia del ahorro externo. Los extranjeros compensan la retirada gradual del Banco Central Europeo: durante la pandemia, el BCE acaparaba el 33% de la deuda en circulación; con los últimos datos disponibles, su participación bajó al 20%.