Barcelona encendió la mecha en mayo al anunciar una moratoria en la concesión de licencias para nuevas tiendas de conveniencia con horario continuo de 24 horas. La decisión atravesó fronteras municipales: al menos cuatro localidades catalanas más ya replican la medida.

La Ciudad Condal tiene actualmente 1.300 tiendas de este tipo esparcidas por la ciudad. El gobierno municipal las identifica como una amenaza para el pequeño comercio local. El alcalde Jaume Collboni argumentó que se concentran en zonas turísticas, ofrecen productos de escaso valor agregado y generan fricciones vecinales por la afluencia de clientes en horarios nocturnos. La moratoria durará al menos un año.

Un modelo que se expande más allá de ideologías

La propuesta traspasó las divisiones políticas locales. Santa Coloma de Gramenet y Sant Adrià de Besòs, ambas con gobiernos del PSC como Barcelona, adoptaron la misma prohibición. Badalona, bajo la alcaldía de Xavier García Albiol del PP, también se sumó. Terrassa, donde gobierna una coalición de Tot per Terrassa y Junts per Terrassa, fue aún más allá.

En el centro de Terrassa la restricción no se limita a supermercados: abarca todas las tiendas de conveniencia con horarios extendidos, locales de comida para llevar, locutorios, comercios de telefonía, centros de estética, lavanderías y establecimientos similares.

La medida enfrentó críticas de la oposición en Barcelona, pero su rápida adopción en municipios de distintos colores políticos sugiere que el argumento de proteger el comercio de proximidad resuena entre gobiernos locales catalanes, independientemente de su orientación ideológica.