La población rural está bancarizada. Casi el 94% tiene tarjeta de débito o crédito, y tres de cada cuatro personas usan la banca online de forma habitual. Sin embargo, la edad divide estas cifras casi en mitades: mientras los jóvenes de 18 a 24 años adoptan sin problema cualquier servicio digital, el salto generacional es dramático a partir de los 75 años.
La brecha de Bizum: del 92% en jóvenes al 10% en mayores
El Bizum concentra la diferencia más visible entre generaciones. Nueve de cada diez jóvenes lo usan habitualmente. En la población mayor de 75 años, apenas lo hace el 10,9%. La brecha en banca online también es considerable: supera el 75% en menores de 65 años, cae al 62% entre los 65 y 74, y se desploma al 29% en mayores de 75.
El problema no es acceso a internet ni a dispositivos. El 69% de la población rural considera buena o muy buena su conexión. El verdadero obstáculo es la capacidad para usar los canales digitales de forma autónoma. Casi un tercio de las personas admite poca o nula habilidad para hacer gestiones bancarias online. Entre los mayores de 75 años, siete de cada diez reconocen esta falta de competencia.
El efectivo sigue siendo el rey en el campo
Más de la mitad de la población rural retira dinero con frecuencia. El cajero automático es el medio habitual para el 84,9% de quienes acceden a efectivo, y el preferido por el 79%. Las sucursales físicas, en cambio, sufren un retroceso: apenas el 31% de la población las usa regularmente.
Entre quienes sí acuden a las sucursales, los reclamos son consistentes: casi una cuarta parte denuncia que su oficina no abre ciertos días laborales, el 21% se vio obligado a cambiar de sucursal por cierre, y el 20% requiere solicitar cita previa. Una de cada cuatro personas tiene la sucursal más cercana a más de 10 kilómetros.
La preferencia por otros canales es clara: el 33% elige gestiones online y el 19% prefiere retirar dinero del cajero antes que ir a la oficina. Este cambio de hábitos refleja una zona donde la banca digital ya es realidad para buena parte de la población, aunque con una deuda pendiente: cerrar la brecha de capacitación para los mayores.