Francia atraviesa una crisis de confianza en los mercados. Los inversores demandan intereses superiores al 5,1% para comprar sus bonos a diez años, el nivel más alto desde 2002, cuando el euro entró en circulación. Esta presión se traduce en una prima de riesgo de 170 puntos, es decir, lo que Francia debe pagar de más en comparación con Alemania para financiarse. No ocurría desde 2011.

El castigo del mercado responde a una combinación de factores internos. El país galo enfrenta una crisis política profunda: el Gobierno carece de mayoría absoluta en la Asamblea Nacional y debe negociar presupuestos con izquierda y ultraderecha. La situación se agravó con protestas que derivaron en disturbios urbanos durante el fin de semana, y hay nuevas manifestaciones programadas para el 24 de octubre.

Los números preocupan a los inversores. Francia cerrará el año con un déficit del 5,4% y una deuda pública cercana al 120% del producto interno bruto. En este contexto, la agencia Moody's se pronunciará este viernes sobre la calificación de la deuda francesa, que mantiene en Aa3 con perspectiva negativa. Un rebaja llevaría a Francia al mismo nivel que ya asignaron Fitch y Standard & Poor's, lo que tendría consecuencias inmediatas: muchos inversores institucionales, fondos de pensiones y aseguradoras tienen mandatos que les obligan a mantener carteras solo con la máxima calidad crediticia.

El petróleo repunta ante tensión en Oriente Próximo

En paralelo, el precio del crudo escala ante expectativas de una nueva ofensiva militar de Estados Unidos e Israel contra Teherán después de las elecciones estadounidenses del 3 de noviembre. El barril de Brent alcanzó los 112 dólares, mientras que el West Texas Intermediate se acerca a los 100 dólares, máximos desde mayo pasado.

Las bolsas europeas reaccionaron a la inestabilidad. El Ibex 35 español cedió más de 1,5% y perdió los 19.000 puntos. El índice italiano cayó 1,7%, mientras que el francés retrocedió 1%.