El plan RePowerEU, diseñado en 2022 para que la Unión Europea redujera su dependencia del gas ruso, se encuentra prácticamente paralizado. Así lo advierte el Tribunal de Cuentas Europeo en un informe publicado este miércoles. Cuatro años después de su lanzamiento, los países europeos han movilizado menos del 20% de los fondos asignados y mantienen una dependencia significativa de energía rusa.
La Comisión Europea calculó que necesitaba 300.000 millones de euros en inversiones adicionales para cumplir los objetivos de independencia energética hacia 2030. Sin embargo, los gobiernos nacionales solo comprometieron 54.300 millones de euros a través del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia. Según los auditores, este desfase sugiere que las necesidades se estimaron mal desde el inicio o que los países no lograron convertir los objetivos europeos en proyectos concretos.
La trampa de los números sobre el gas ruso
Aunque las sanciones de la UE redujeron las importaciones de petróleo ruso, el panorama con el gas es más complejo. Algunos países miembros importaron más gas ruso en 2024 que antes de la invasión de Ucrania. El tribunal también señala que la reducción de importaciones energéticas rusas obedece parcialmente a otros factores: inviernos más suaves y menor consumo por los precios elevados. Esto significa que el impacto real del plan podría ser inferior al esperado.
Energías renovables: el fracaso silencioso
RepowerEU logró impulsar algunos proyectos importantes, pero hizo poco por acelerar la transición hacia energía limpia. La capacidad de producción adicional de energías renovables generada es insignificante y está muy lejos de la meta de 103 gigavatios. Lo mismo ocurre con la interconexión eléctrica: los auditores hallaron solo tres medidas de RePowerEU en dos Estados miembros para alcanzar este objetivo, y una de ellas fue abandonada.
El tribunal también critica la falta de herramientas eficaces para monitorear la ejecución real del plan. La Comisión Europea carece de información exhaustiva sobre el déficit de financiación en los Estados miembros, lo que dificulta conocer dónde están los cuellos de botella. El mensaje final es claro: uno de los planes energéticos más ambiciosos de la UE sigue muy lejos de cumplirse, y los países aún no asumen completamente la nueva dinámica que demanda la independencia energética.