La cosecha de miel en León durante 2026 fue desastrosa. La producción se desplomó hasta las 500 toneladas cuando históricamente la provincia alcanzaba las 1.800, según datos de la asociación agraria UCALE-COAG. Esto representa una caída del 73% respecto a los volúmenes esperados.

El impacto en las colmenas fue igualmente drástico. El rendimiento promedio por colmena descendió de 25 kilos a apenas 6 kilos, un colapso que tiene a los apicultores preocupados no solo por el presente sino también por lo que viene en invierno, cuando muchas colonias podrían no sobrevivir.

Una tormenta de eventos climáticos

El desastre fue el resultado de una sucesión de condiciones climáticas adversas que marcó toda la campaña. Durante la primavera, las lluvias excesivas impidieron que las abejas desarrollaran su actividad normal. Al mismo tiempo, heladas tardías dañaron la capacidad de las flores para producir néctar y polen, además de destruir floraciones en comarcas clave como El Bierzo y La Maragatería, tradicionalmente las más productivas de la provincia.

El verano, que podría haber compensado una primavera complicada, llegó con olas de calor persistentes y temperaturas muy por encima de lo normal. Este estrés térmico agotó la vegetación antes de tiempo, agravando la escasez de recursos para las abejas.

Plantas clave bajo estrés hídrico

El déficit de lluvia afectó particularmente a las especies más importantes para la apicultura de la región: el brezo, el roble y el castaño. Estas plantas, cruciales para que las abejas encuentren alimento, no recuperaron sus niveles de productividad típicos.

Con estas cifras encima de la mesa, el sector enfrenta ahora el invierno como un período crítico en el que muchas colmenas podrían no resistir.