Ángel Martín (Barcelona, 1977) cambió de registro. Después de consolidarse como monologuista e irónico, el catalán saltó hace años al terreno de las memorias. Sus libros anteriores, Por si las voces vuelven y Detrás del ruido, funcionaron como testimonios crudos sobre sus propias experiencias. Esa última propuesta llegó a 700.000 lectores y se transformó en espectáculos teatrales donde él mismo escenificaba su historia.
Ahora Martín publica El día que lo fuimos todo (Planeta), su primer salto a la ficción pura. La trama gira en torno a un viaje en tren: un hombre descreído y poco sentimental se dirige a despedir a su abuela gravemente enferma. Durante el recorrido, convergen temas como la familia, la soledad y la muerte, todo con la impronta de comicidad que lo caracteriza.
De la memoria a la invención
Este cambio marca una diferencia sustancial en su proceso creativo. Al trabajar con ficción, Martín no precisa excavar en sus vivencias personales. La construcción de una trama ficticia le permitió enfocarse en entretener al lector, en generar emoción mediante una historia inventada. Ese desplazamiento lo dejó satisfecho con el resultado, aunque admite que espera ahora la reacción del público como un juicio definitivo sobre posibles futuras incursiones en el terreno de la narrativa.
Durante la escritura, se alejó deliberadamente de las lecturas. Temía que exponerse a otros autores le quitara confianza o le impusiera estilos ajenos. En cambio, prefirió avanzar con su propia voz sin interferencias.
Nuevos terrenos por explorar
El éxito de su trayectoria anterior —con presentaciones en espacios como el Movistar Arena— le da plataforma para seguir experimentando con nuevas formas. La ficción, en su visión, le abre posibilidades distintas de las que ofrecía el testimonio autobiográfico. No se trata simplemente de cambiar de género, sino de probar nuevas maneras de conectar con una audiencia que ya lo conoce.