La película 'La invitación', dirigida por Olivia Wilde, llegó a su desenlace sin tener definido el final durante los últimos días de rodaje. La directora tomó una obra de teatro de Cesc Gay que ya había sido adaptada al cine en varios países y la llevó a su propio territorio creativo.

El planteo central es simple pero efectivo: dos matrimonios se encuentran frente a frente con sus propias contradicciones. A partir de esa premisa, la película explora las frustraciones personales, las expectativas incumplidas y los desafíos de mantener una relación en el tiempo.

De la obra teatral al cine, con cambios en el camino

Lo que hace particular esta versión es que Wilde no fue cerrada al guion. Durante los ensayos y el rodaje, la dirección y el elenco participaron en talleres e improvisación que permitieron que la historia tomara forma de manera más orgánica. Eso derivó en un desenlace muy distinto al de la adaptación española original.

Para Wilde, esta evolución no fue accidental. La directora explicó que buscaba construir una versión que resonara específicamente con audiencias angloparlantes, al tiempo que reflejara la personalidad de los actores: ella misma, Seth Rogen, Edward Norton y Penélope Cruz.

Un tema universal con lenguajes distintos

En una entrevista para el podcast Filmmaker Toolkit de Indiewire, Wilde reflexionó sobre por qué el material original funcionaba en múltiples contextos culturales. Su conclusión fue que las dificultades en las relaciones de pareja trascienden idiomas y fronteras. Una observación simple, pero que justificaba su apuesta por adaptar y reinventar el relato según sus propios términos.