Alberto Conejero escribió La piedra oscura en 2013, cuando todavía era un director teatral en desarrollo. La obra se estrenó dos años después en la sala Galileo Galilei de Madrid, dirigida por Pablo Messier. Como ocurría con los primeros trabajos de otros autores teatrales, el libreto se vendía en el vestíbulo del teatro a los espectadores que salían de ver la función.
Ese modesto comienzo contrasta con lo que sucede ahora. La piedra oscura experimenta un resurgimiento de ventas tras convertirse en la base literaria de La bola negra, la película que Javier Calvo y Javier Ambrossi dirigieron y coguionizaron junto a Conejero. El filme, que adapta libremente un texto inconcluso de Federico García Lorca del mismo nombre, ha generado tanto interés que Isaac Juncos, director de la editorial Antígona que publica el libro, recibe constantemente pedidos de librerías.
Una obra sobre el último amor de Lorca
La piedra oscura imagina las últimas horas de Rafael Rodríguez Rapún, quien fue secretario de la compañía teatral La Barraca y la última pareja del poeta granadino. Conejero retrata un encuentro en una habitación de hospital militar entre Rafael y Sebastián, un soldado joven encargado de custodiarlo. El drama juega con la atracción y el rechazo entre ambos personajes, mientras Federico García Lorca permanece como nombre latente en la narrativa, ligado a la memoria e identidad.
El libro ya va por su decimosexta edición. Aunque ha vendido de manera constante desde su publicación en 2010, el éxito de la película la ha convertido en objeto de búsqueda. La portada definitiva que ahora se agota en las librerías muestra el claroscuro del rostro de Lorca, y la dedicatoria reza: "A Rafael. Recuerdo de un leal y entrañable camarada".
La editorial que apuesta por el teatro
Antígona fue fundada en 2006 por Isaac Juncos y dos compañeros de universidad. Dos décadas después, reúne más de 500 títulos, la mayoría de Teatro, Crítica y Filosofía, además de una línea didáctica enfocada en la enseñanza del teatro en aulas. La editorial ha publicado a dramaturgos consolidados y, desde sus inicios, ha apostado por autores como los Javis, cuyos primeros trabajos también se vendían en los pasillos de los teatros madrileños donde se representaban.