La Fundación Ibercaja encargó una sinfonía dedicada a Francisco de Goya para conmemorar su 150 aniversario. El resultado es una obra de gran escala compuesta por Joan Valent, un compositor mallorquín con una amplia carrera en cine y orquesta. La pieza cuenta con 120 músicos y se presentó en Zaragoza el 2 de octubre, para luego trasladarse al Auditorio Nacional de Música de Madrid el 5 de octubre, dirigida por Grzegorz Nowak.
Desde la sordera hasta la luz
Valent partió de un elemento inesperado para acercarse al universo del pintor: su sordera. La sinfonía abre con un sonido agudo similar al tinnitus, mantenido durante varios segundos, como representación de aquello que Goya dejó de escuchar. El compositor no buscaba sonorizar los cuadros, sino explorar el mundo interior del artista a través de lo que le faltaba.
Tras meses de investigación en el Museo del Prado, Valent estructuró la obra en cuatro movimientos, cada uno inspirado en series pictóricas fundamentales del aragonés: Los Caprichos, Los desastres de la guerra, sus Pinturas negras y, finalmente, La lechera de Burdeos. Esta última, un retrato pintado un año antes de la muerte de Goya, cuando rondaba los ochenta años, representa un giro hacia la luz después de reflejar un mundo devastado y cruel.
Legado para la humanidad
José Luis Rodrigo, director general de la Fundación Ibercaja, explicó que aunque existen obras inspiradas en Goya —como las Goyescas de Enrique Granados para piano— no había una composición sinfónica de esta envergadura. La idea fue crear un legado duradero alrededor de una figura que, a juicio de Rodrigo, sigue siendo profundamente actual. Los Caprichos del pintor demuestran que la humanidad mantiene las mismas virtudes y defectos que retrataba hace siglos.
La sinfonía, con una duración de aproximadamente 47 minutos, aspira a recuperar el lenguaje sinfónico de maestros como Mahler, Stravinsky e Hindemith. Es la tercera sinfonía que compone Valent, pero la primera de estas características y propósito.