Manuel Vilas publicó sus primeros libros cuando pocos lo conocían. Zeta y Magia, dos obras híbridas entre la novela y el relato corto, salieron a través de la colección DVD de Sergio Gaspar en 2002 y 2004. Esos textos exploraban Zaragoza como espacio literario: una ciudad en transformación, llena de soledad, calor y obsesiones urbanas. Nombres ficticios para barrios reales: Zeta, Ceta, Cetísima. Lugares donde la vida se repetía sin sentido aparente.

Tras desaparecer la editorial original, Zeta tuvo una reedición de recuperación en 2014 bajo el sello Salto de página. Ahora, dos décadas después de su aparición inicial, Páginas de Espuma publica ambos títulos reunidos en un solo volumen: Zeta-Magia. Es la versión 2026 de una obra que anticipated lo que Vilas se convertiría después: un autor capaz de universalizar lo local, de hacer extensible a occidente entero lo que surge de la geografía particular de una ciudad.

Zaragoza como laboratorio literario

En esas páginas tempranas, Zaragoza funciona como más que un escenario. Es el personaje principal de un relato de transformación urbana. El texto aborda polígonos industriales, barrios de nueva construcción como Arcosur y Valdespartera, espacios neutros y desolados. La atmósfera es la de una ciudad que crece y se vacía simultáneamente, donde los vampiros literarios viven en quince metros cuadrados y salen solos por calles sin casas.

El Actur, zona periférica de Zaragoza, se convierte en interzona: ese espacio experimental donde lo ordinario se vuelve siniestro. La obsesión por el calor, por la soledad, por la nostalgia de un pasado específico (Barbastro, 1979) recorre toda la obra. Vilas rescata fragmentos de la vida cotidiana: vinilos de Lou Reed y Mike Oldfield, cafés donde se venden libros de arte rebajados, el frío que desapareció, las pesetas antes del euro.

El antes de lo canónico

Estas reediciones permiten releer a Vilas antes de Ordesa, antes de los premios, antes de convertirse en autor canónico de las letras españolas. Son libros de un escritor que todavía experimentaba, que buscaba formas propias entre la prosa poética y la narrativa convencional. La colección DVD de Gaspar fue un referente de calidad en la literatura española de principios de siglo, y estos textos ejemplifican por qué.