La degeneración macular es un trastorno ocular que afecta principalmente a personas mayores de 55 años. Destruye lentamente la visión central y aguda, lo que dificulta leer y visualizar detalles finos. El problema está en la mácula, una zona central de la retina que proporciona claridad y nitidez. Cuando se degenera, la persona pierde la visión de lo que tiene frente a los ojos, aunque conserva la periférica.
Dos tipos con comportamientos distintos
Existen dos variantes de esta enfermedad. La degeneración macular seca (atrófica) es la más frecuente. En este caso, la mácula se adelgaza y pierde función. Los oftalmólogos detectan depósitos amarillos pequeños en la exploración y la enfermedad avanza lentamente con los años. Presenta tres etapas: temprana, intermedia y avanzada.
La degeneración macular húmeda (neovascular) es más grave. Aquí aparecen vasos sanguíneos anormales y frágiles que dañan la mácula, causando pérdida de visión más rápida. Esta forma representa un estado más evolucionado de la enfermedad.
Síntomas y factores de riesgo
En la forma seca, los síntomas incluyen visión borrosa, objetos distorsionados y colores desvanecidos. Conforme avanza, puede aparecer una mancha negra en el centro de la visión o dificultad para reconocer caras. En la forma húmeda, las líneas rectas se ven torcidas y onduladas, con progresión rápida de la pérdida visual.
La edad es el principal factor de riesgo, aunque no se conoce una causa específica. Otros factores incluyen antecedentes familiares, ser de raza blanca o caucásica, tabaquismo, dieta rica en grasas y ser mujer.
No existe cura para la degeneración macular asociada a la edad ni forma de repararla una vez que ha comenzado.