El magnesio se convirtió en uno de los suplementos más buscados en los últimos tiempos. La razón es directa: sus beneficios se notan rápido. Desde problemas para conciliar el sueño hasta calambres nocturnos, pasando por tics involuntarios o tensión muscular, la carencia de este mineral genera síntomas incómodos que el cuerpo reclama.

El mineral participa en más de 300 reacciones enzimáticas del organismo. Es esencial para producir energía celular, controlar la relajación muscular y reducir los niveles de cortisol, la hormona del estrés. Además, sin magnesio el cuerpo no puede utilizar la vitamina D de forma correcta. Por eso, cuando falta, se siente.

No todos los suplementos funcionan igual

Aquí está la trampa: existen varias formas de magnesio en el mercado y no todas tienen el mismo efecto. El óxido de magnesio, por ejemplo, se absorbe mal y el cuerpo lo elimina por la orina sin aprovechar sus propiedades. Además, puede causar diarrea en quienes lo consumen.

En cambio, el bisglicinato se absorbe mejor y es más suave para el estómago. La glicina que lo acompaña también ayuda a conciliar el sueño, lo que suma un beneficio extra. El citrato de magnesio es otra opción útil, especialmente para quienes padecen estreñimiento, ya que actúa como laxante suave mientras aporta los beneficios del mineral.

Cuándo recurrir a suplementos

La realidad es que la alimentación moderna muchas veces no cubre las necesidades nutricionales del cuerpo. Por eso, los suplementos ganaron terreno en los últimos años. Pero no todos funcionan igual ni todos conviene tomarlos sin orientación profesional.

El magnesio no se acumula en el organismo; el cuerpo lo necesita diariamente y expulsa el exceso. En cambio, otros minerales como el hierro o vitaminas como la A se acumulan, por lo que su consumo sin supervisión puede ser contraproducente. Un análisis de sangre puede identificar si existe deficiencia real antes de empezar cualquier suplementación.