La muerte de una trabajadora de un instituto antipeste en Irkutsk, Siberia, puso nuevamente bajo los reflectores una enfermedad que muchos creían cosa del pasado. Aunque las autoridades rusas aún no confirman el diagnóstico final, cerca de 200 personas vinculadas a la víctima fueron puestas bajo vigilancia sanitaria.
Cómo funciona la infección
La peste es causada por la bacteria Yersinia pestis, presente en roedores y pulgas. Puede manifestarse en tres formas diferentes según cuál sea el área del cuerpo afectada. La neumónica ataca directamente los pulmones cuando alguien inhala partículas respiratorias contaminadas. También puede desarrollarse como complicación de otras formas de peste.
Los primeros síntomas son engañosos: fiebre, escalofríos, debilidad y dolor de cabeza. Luego aparecen tos (a veces con sangre), dificultad para respirar y dolor en el pecho. Lo peligroso es la velocidad. Sin tratamiento rápido, puede derivar en neumonía severa y muerte.
Por qué esta forma es la más peligrosa
La peste neumónica se diferencia de sus variantes bubónica y septicémica en dos aspectos críticos. Primero, es altamente contagiosa de persona a persona por vía aérea, algo que no ocurre con las otras formas. Segundo, evoluciona más rápidamente y con mayor gravedad.
La peste bubónica, la más común históricamente, afecta los ganglios linfáticos y se transmite por picadura de pulgas o contacto con roedores, pero casi nunca entre humanos. La septicémica daña la sangre y produce gangrena, tampoco se contagia entre personas. La neumónica rompe esa pauta.
Los médicos actúan con urgencia ante la sospecha. Comienzan antibióticos incluso antes de confirmar el diagnóstico con análisis de sangre o esputo, porque esperar puede ser fatal. Además del tratamiento farmacológico, se requiere aislamiento inmediato y rastreo de contactos.
Aunque la OMS considera esta forma de peste la menos frecuente, su potencial de propagación y gravedad la mantienen en el radar sanitario mundial.