Visitar una tienda de gadgets a mediados de los noventa no se parecía en nada a entrar hoy en una Apple Store. Un video del canal de David Hoffman captura el ambiente de un negocio de electrónica en Palo Alto, California, que funcionaba como una pequeña exposición de futuros posibles. Las góndolas albergaban teléfonos inalámbricos, computadoras de escritorio con monitores CRT enormes, portátiles que parecían maletas con teclado, impresoras de agujas e inyección de tinta, y aparatos cuya función no siempre resultaba evidente.

El software en cajas y disquetes

En 1995, el software no se descargaba. Llegaba empaquetado en cajas gruesas, en disquetes o en discos compactos. Las máquinas con Windows incluían juegos como Solitario, Buscaminas y FreeCell. Algunos clientes pasaban la tarde moviendo cartas en pantalla, fingiendo que evaluaban el rendimiento de la computadora. Windows 95 salió ese agosto y se convirtió en un hito: trajo la interfaz con botones y ventanas que marcó el inicio de la era moderna de las computadoras personales.

Compras, negociaciones y misterio

Lo que el video documenta con más claridad es la experiencia social de la compra. Clientes desconocían para qué servían muchos de esos aparatos. Los empleados explicaban el funcionamiento de tecnologías que parecían sacadas de películas de ciencia ficción. Parejas negociaban cuál sería el regalo de Navidad merecedor de tanto dinero. Entrar en esa tienda significaba una inmersión en lo desconocido: racks con computadoras de IBM, Compaq y Apple, unidades de disquetes, lectores de CD-ROM, y gadgets más raros cuya utilidad quedaba por descubrir.

Ese comercio era menos limpio y pulido que las tiendas actuales. Ofrecía caos ordenado: una acumulación de máquinas, cables y posibilidades que transmitía la sensación de estar ante una ventana abierta al futuro, aunque nadie sabía bien cómo atravesarla.