La presencia de antenas de telefonía en edificios residenciales suele generar inquietud. Las dudas más comunes giran en torno al riesgo sanitario: ¿son peligrosas? ¿Pueden dañar el ADN? ¿Causan cáncer? La respuesta científica es clara: las antenas de 4G y 5G no representan un peligro para la salud.

Radiación no ionizante: energía que no daña las células

Las antenas de telefonía emiten lo que se conoce como radiación no ionizante. Este término describe la forma en que la energía viaja, mediante ondas, pero no tiene relación con la radiactividad. La característica clave de este tipo de radiación es que cada fotón (unidad de energía) carece de potencia suficiente para separar los electrones de sus átomos al impactar en la materia.

Para visualizarlo: la luz visible de una bombilla o los rayos infrarrojos de un control remoto funcionan bajo el mismo principio. La energía se propaga en ondas, pero sin capacidad de alterar la estructura atómica de las células.

La diferencia con radiación ionizante

Los rayos X, en cambio, sí pueden separar electrones de los átomos, por eso se requiere protección especial durante exposiciones médicas. Las ondas de telefonía operan en un rango de energía completamente diferente y, simplemente, no cuentan con la potencia necesaria para modificar el ADN.

Otro punto relevante: si las antenas representaran un riesgo sanitario grave, las autoridades municipales y de salud no permitirían su instalación en áreas residenciales. Los equipos de telecomunicaciones están sujetos a regulaciones estrictas que evalúan su seguridad antes de su emplazamiento.

La inquietud ante lo desconocido es natural, pero en este caso, la evidencia científica disponible respalda que estas instalaciones son seguras para quienes viven cerca de ellas.