A diferencia de lo que muchos creen, los animales que viven en América no llegaron todos con la naturaleza intacta. Hace poco más de un siglo, Argentina recibió especies que nunca habitaron su territorio. Entre las más curiosas figuran varios cérvidos europeos que hoy transitan libres por el campo.

El gamo común europeo es quizás el caso más interesante. En Europa se le llama Dama dama y proviene de la zona mediterránea, donde es común verlo en bosques y dehesas. Se diferencia del ciervo común por su tamaño menor, sus astas palmeadas y su pelaje marrón rojizo con manchas blancas en el lomo. En España vive en espacios como Doñana, El Pardo y Sierra Morena, donde los cazadores lo consideran una pieza de gran valor.

El primer viaje desde España y Polonia

La historia de estos animales en Argentina comienza en 1905, cuando el banquero y empresario Ernesto Tornquist decidió importar ejemplares desde Europa. Tornquist los trajo desde España y Polonia para soltarlos en sus propiedades privadas, donde podría disfrutar de la caza. Lo que comenzó como un capricho de un hombre adinerado terminó generando una población animal completamente nueva en territorio argentino.

Poblaciones que crecieron sin control

Desde esa introducción inicial, los gamos se reprodujeron y expandieron su presencia. Hoy viven en estado silvestre en al menos tres provincias del país, formando poblaciones que nadie imaginó hace más de un siglo. Estos animales se adaptaron a las condiciones locales y se multiplicaron sin depredadores naturales que los controlaran.

Argentina no es el único país de América que enfrenta este fenómeno. El mundo conoce bien los problemas que causaron las especies invasoras en Australia cuando los británicos las introdujeron. En Argentina, aunque estos cérvidos no han generado los mismos conflictos catastróficos, su presencia sigue siendo un ejemplo de cómo los intercambios entre continentes no siempre traen consecuencias predecibles.