El español tiene una larga tradición de insultos documentados. La Real Academia Española recoge decenas de ellos en su diccionario, cada uno con una historia particular. Aquí revisamos cinco términos despectivos de este repertorio.

Palabras que describen la lentitud y la torpeza

Lerdo nombra a alguien lento, torpe o que tarda en comprender. Originalmente se usaba para describir a animales de carga pesados y desmaña dos en sus movimientos. El término cambió su aplicación desde lo físico hacia lo figurado, aunque la RAE reconoce que la etimología exacta sigue siendo discutida.

Mastuerzo viene de una planta llamada nastuerzo, cuyo nombre latino era nasturtium. Cuando el término se aplicó a las personas, pasó a significar alguien nec io o grosero. No hay confirmación de que el sabor picante de la planta originara específicamente este uso despectivo, como a veces se afirma.

Insultos ligados a la falta de razón

Necio es uno de los insultos más antiguos del español. Proviene del latín nescius, que significaba ignorante o sin conocimiento. Se aplicaba a quien desconocía lo que debería saber o actuaba sin inteligencia. También describe a los tercos e imprudentes en sus actos y palabras, un significado que ha permanecido casi idéntico durante siglos.

Orate procede del catalán orat y llegó al castellano para designar a quien ha perdido el juicio o actúa sin sensatez. Durante siglos estuvo ligado directamente a la locura, y de ahí surgió la expresión antigua "casa de orates" para los establecimientos donde se internaba a personas consideradas dementes.

Pazguato describe a alguien simple que se queda pasmado o maravillado con facilidad ante lo que ve u oye. Suele referirse a personas ingenuas, sin vivacidad o demasiado fáciles de sorprender. Su etimología no está completamente establecida, aunque la RAE la relaciona con el término "apazguado".