En los años sesenta y setenta, la demanda de vainilla natural se dispararó en la industria alimentaria. Las empresas buscaban sabores más intensos y económicos para sus productos lácteos, pero la vainilla vegetal era escasa y cara. La solución llegó de un lugar inesperado: los castores.
El castóreo: un ingrediente inusual
Los castores secretan una sustancia oleosa entre el ano y la cola llamada castóreo. Este compuesto tiene un aroma dulce y almizclado que utilizan naturalmente para acicalarse. La industria descubrió que podía aprovecharse para mejorar sabores artificiales de vainilla, fresa y frambuesa. Durante décadas, esta sustancia formó parte de la composición de flanes, natillas y yogures de marcas comerciales, aunque en cantidades mínimas.
El castóreo no era nuevo en la industria. Mucho antes de llegar a los alimentos, cosméticos y perfumería ya lo utilizaban por esos matices dulzones y aterciopelados que buscaban en sus productos.
¿Cuándo desapareció?
Con el tiempo, la práctica se volvió innecesaria. El desarrollo de saborizantes sintéticos más efectivos y económicos hizo que el castóreo cayera en desuso en la industria alimentaria. Además, a medida que creció la conciencia sobre los ingredientes, muchos consumidores preferían evitar esta sustancia tan particular.
Hoy en día es muy poco probable que encuentres castóreo en los productos que consumes. Los sabores artificiales de vainilla en lácteos industriales provienen de síntesis química, sin participación de castores involucrados.