Miguel Hernández murió en una cárcel a los 31 años. Tuberculosis, después de pasar por varios presidios. Fue en 1942, unos años después que García Lorca. Los versos de "Nanas de la cebolla" que dedicó a su hijo son universales: la mayoría los conoce. Pero la historia de cómo vivió ese poeta, qué lo rodeó, cómo amó, sigue siendo menos conocida de lo que debería.
El escritor José Antonio Lucero acaba de publicar "Tu risa me hace libre", un libro que recorre la vida de Hernández mediante la voz de Josefina Manresa, su esposa y madre de sus dos hijos. La obra combina ficción documentada con cartas y testimonios reales, resultado de dos años de investigación que llevó al autor a abandonar temporalmente la docencia para concentrarse en el proyecto.
El título retoma un fragmento del propio Hernández: "Tu risa me hace libre, me pone alas". Lucero eligió darle la voz narrativa a Josefina porque ella también perdió en la guerra cuando perdió a Miguel. Vivió hasta 1987, viuda durante décadas, y madre que sobrevivió a su hijo: Manolillo, el niño de las Nanas, había muerto tres años antes que ella.
Un poeta menos reconocido que merece más
Durante la presentación del libro en las calles madrileñas donde el poeta vivió, Lucero fue directo con una pregunta incómoda: ¿tiene Hernández el mismo lugar en la memoria pública que Lorca? "No está igual de reconocido que Lorca, y no es justo", respondió sin rodeos.
El libro desmonta varios mitos instalados sobre el poeta de Orihuela. Uno de ellos: que se llevaba mal con Lorca. En realidad, la correspondencia que Lucero incluye muestra que se conocían y mantenían trato. Hernández decidió alistarse en el bando republicano durante la Guerra Civil, en parte para vengar el fusilamiento de Lorca.
La obra también recorre otros aspectos de su vida: su relación con la pintora gallega Maruja Mallo, su amistad con Ramón Sijé (Pepe Marín), a quien dedicó la Elegía pocas semanas después de su muerte, y los lugares de Madrid donde persiguió su futuro como escritor viviendo en precariedad, junto a personajes como Buero Vallejo e incluso el humorista Gila, a quien conoció en prisión.