Ferran Adrià transformó elBulli en uno de los restaurantes más influyentes del mundo. Pero ese éxito tuvo un costo personal: renunció a la paternidad. El cocinero catalán contó en una entrevista de 2022 que él y su esposa Isabel Pérez Barceló enfrentaron una disyuntiva y eligieron priorizar la carrera.

"Tuvimos que decidir. Mi carrera era muy exigente y no podíamos tenerlo todo", explicó Adrià. La pareja sopesó la posibilidad de formar una familia, pero concluyó que era incompatible con las exigencias del proyecto culinario.

El costo de la obsesión

En los años de máxima intensidad profesional, Adrià trabajaba hasta 18 horas diarias, prácticamente sin descanso durante todo el año. ElBulli demandaba una dedicación que ocupaba casi toda su vida. Bajo esas condiciones, consideró que no podía ofrecerle a una familia la atención que merecía.

La exigencia del restaurante no era compatible, a su juicio, con la responsabilidad que conlleva la crianza. Por eso, ambos tomaron la decisión de descartar esa posibilidad.

La pareja que resistió

Aunque la paternidad quedó fuera, el matrimonio sobrevivió a esos años de trabajo extremo. Adrià ha destacado en varias ocasiones el papel fundamental de Isabel a su lado durante toda esa trayectoria, mientras él construía su legado en la cocina.