España importa tres de cada cuatro unidades de plasma que utiliza. La mayoría viene de Estados Unidos, una dependencia que especialistas consideran problemática en un contexto donde la demanda aumenta más de un 8% por año.

Para lograr la autosuficiencia, el país necesitaría multiplicar sus donaciones de plasma por siete. Actualmente se realizan alrededor de 370 plasmaféresis diarias, cuando serían necesarias 2.600. El volumen de uso es considerable: España transfunde una unidad de plasma cada cinco minutos y consume una cada 90 segundos para elaborar medicamentos derivados.

Un contraste con la sangre total

La situación de España con el plasma difiere radicalmente de la donación de sangre completa, sector donde el país alcanzó la autosuficiencia hace más de tres décadas. En cambio, con el plasma apenas cubre una cuarta parte de sus necesidades, según alertó recientemente la Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia.

El plasma no puede producirse industrialmente; solo proviene de la donación humana. Se obtiene mediante dos procedimientos: centrifugación de sangre normal (250 centímetros cúbicos por donación) o aféresis, donde se devuelven al donante los componentes no utilizados y se extraen 600 centímetros cúbicos.

Medicamentos que dependen del plasma extranjero

El plasma tiene dos aplicaciones principales. Como tratamiento clínico, se usa para coagulopatías, trastornos hemorrágicos, traumas y quemaduras graves. También se procesa para extraer aproximadamente veinte proteínas diferentes que se convierten en medicamentos para pacientes con trastornos genéticos, inmunodeficiencias, enfermedades autoinmunes y quienes reciben trasplantes o terapias celulares.

Apenas cinco o seis de estas proteínas provienen de donantes españoles. El resto se importa. De la inmunoglobulina que consume España, solo el 25% tiene origen nacional.

Especialistas atribuyen el aumento de demanda a la multiplicación de terapias celulares y al crecimiento de enfermedades autoinmunes posteriores a la covid-19. Además de incrementar las donaciones, los hematólogos trabajan en optimizar el uso del plasma en clínicas y buscar alternativas, aunque por ahora no existen sustitutos viables.