Un equipo de astrónomos logró fotografiar con el mayor detalle hasta ahora el remanente de Pa 30, los restos de una supernova que la Tierra presenció en 1181. El hallazgo, publicado en The Astrophysical Journal, fue posible gracias al telescopio Gemini North y revela sorpresas sobre cómo quedó estructurado ese objeto celeste después de la explosión.
Lo que parecía ser un simple patrón de fuegos artificiales resulta ser algo más complejo: cadenas de nudos de gas similares a perlas ensartadas. Cada nudo es tan ancho que podría contener diez veces la órbita de Neptuno, o incluso varios sistemas solares completos dentro de su diámetro.
Una explosión incompleta con superviviente
Pa 30 es el único remanente de supernova conocido en la Vía Láctea de su tipo. En el centro de esta nebulosa con forma de diente de león persiste una "estrella zombi": el remanente de una explosión estelar incompleta, un fenómeno raro conocido como supernova de tipo Iax.
Los investigadores sugieren que la explosión fue resultado de la colisión entre dos enanas blancas, estrellas muertas extremadamente densas del tamaño de la Tierra. Este tipo de eventos violentos son excepcionales en el universo observable, lo que explica por qué Pa 30 resulta tan valioso para estudiarlo.
A 7.500 años luz de distancia
La ubicación de Pa 30 representa una ventaja única. A 7.500 años luz de la Tierra —cercana según estándares astronómicos— permite a los telescopios capturar detalles imposibles de ver en objetos más lejanos. Para comparar, el centro de nuestra galaxia está a 26.000 años luz de distancia.
Este remanente fue identificado por primera vez en 2013 por un astrónomo aficionado y posteriormente vinculado al evento registrado en 1181. Fuentes históricas japonesas, chinas y árabes de esa época documentaron de forma independiente la explosión, lo que convierte a Pa 30 en una de las cinco únicas supernovas pre-telescópicas cuyos remanentes finalmente se lograron identificar.
Los astrónomos anticipan que habrá más descubrimientos similares. A medida que nuevos telescopios exploren el cielo con mayor profundidad, probablemente surgirán otros remanentes de tipo Iax aún ocultos en la Vía Láctea.