Un equipo internacional de astrónomos, liderado por la Universidad de Warwick, descubrió algo que parecía imposible: un planeta nacido de las cenizas de su propia estrella. Se trata del primer ejemplo confirmado de un planeta de segunda generación que orbita una enana blanca, un remanente estelar que quedó tras la muerte de una estrella.
El hallazgo resuelve un misterio de casi 25 años. En 1999, el Telescopio Espacial Hubble detectó una enana blanca llamada HS 0209+0832 con una composición química anómala en su atmósfera. Contenía más de cien líneas espectrales no identificadas, incluidos elementos inusualmente pesados como zinc, cobre y niobio. Las concentraciones de estos elementos eran más de mil veces superiores a las del Sol, lo que no tenía explicación lógica.
Una huella química única
La clave estaba en los elementos presentes. El patrón químico revelaba la firma del "proceso s", una reacción nuclear que genera elementos pesados en el interior de estrellas que se mueren. Era la primera vez que se hallaba niobio en una enana blanca.
Los científicos dedujeron que esa atmósfera contaminada provenía de un planeta gigante recién formado. Este mundo se habría condensado a partir de un disco de material expulsado por la estrella durante su colapso. Como el disco se formó del material de la propia estrella moribunda, naturalmente contenía esos elementos pesados característicos.
Confirmación desde el espacio
Para confirmar la existencia del planeta, el equipo utilizó datos del satélite TESS de la NASA. Detectaron una señal regular de brillo que se repetía cada 4,4 días, consistente con un gigante gaseoso del tamaño de Júpiter capturado en órbita cerrada por fuerzas de marea.
A tan poca distancia de la enana blanca, la atmósfera exterior del planeta se evapora por la intensa radiación. El material que escapa cae sobre la superficie de la enana blanca, generando la inusual firma química que los astrónomos detectaron décadas atrás.
El descubrimiento, publicado en Nature Astronomy, abre una nueva categoría de mundos: planetas que renacen literalmente de los restos de sus estrellas.