Wildwood: El bosque salvaje es el nuevo largometraje del estudio Laika, conocido por películas como Coraline y Kubo y las dos cuerdas mágicas. Esta vez, la productora presenta una obra que mantiene su maestría técnica en stop motion pero se anima a explorar territorios más oscuros y complejos que sus trabajos anteriores.

Una historia en dos mundos

El director Travis Knight adaptó la novela de Colin Meloy con un guion que transcurre entre Portland, Oregón y un misterioso bosque habitado por animales parlantes. La protagonista es Prue McKeel, una niña que debe perseguir a su hermano Mac después de que una bandada de cuervos lo secuestre. Junto a su amigo Curtis, Prue atraviesa un reino donde reina una poderosa villana y donde los peligros son reales.

Mientras que historias similares frecuentemente recurren a referencias como Narnia, Wildwood se aleja rápidamente de esos arquetipos. El bosque no es un lugar mágico y acogedor, sino un territorio de pesadilla donde la violencia y la crueldad tienen lugar. El guion explora distintos grados de oscuridad sin necesidad de ser directamente macabro, pero manteniendo siempre la sensación de que todo podría terminar mal.

Ambición visual y un nuevo rumbo para Laika

El trabajo visual de la película demandó cinco años de producción. Cada escena deslumbra por su meticulosidad artesanal, convirtiendo el stop motion en un medio capaz de expresar complejidad emocional y densidad narrativa. A diferencia de producciones anteriores del estudio, Wildwood no intenta ser complaciente ni simplificar su propuesta para hacerla más accesible.

El resultado es una obra que toma riesgos deliberados. Incorpora escenas violentas e impactantes, explora un trasfondo emotivo adulto y se construye como una pieza atemporal que desafía las expectativas de lo que puede ser una película animada. Aunque la premisa de apariencia tradicional promete una aventura de crecimiento, el desarrollo es más profundo y, en muchos aspectos, incómodo.