Los últimos datos del INE y el Ministerio de Salud revelan una paradoja incómoda: mientras la medicina nos permite vivir más años, la población se siente peor. Solo el 68,3% de los españoles percibe su salud como buena o muy buena, una caída de 5,8 puntos respecto a 2023. Para encontrar porcentajes similares hay que remontarse a 1987, lo que sitúa la percepción de salud en sus niveles más bajos de las últimas cuatro décadas.

Quién sufre más el deterioro

El retroceso generalizado afecta a todos los grupos de edad, pero no impacta de manera uniforme. Los datos muestran diferencias importantes entre géneros y niveles de ingresos. En los hombres, la percepción positiva cayó 4,4 puntos hasta ubicarse en 73,6%. En las mujeres, el desplome fue más abrupto: 7,1 puntos, quedando en 63,1%.

Las disparidades también son territoriales. Galicia, Canarias y Asturias reportan los índices más bajos de percepción de salud, con porcentajes de 61,6%, 63,8% y 65,1% respectivamente. Pero la brecha más profunda emerge al considerar el factor económico: las mujeres de menores ingresos presentan cifras significativamente más alarmantes que sus pares con mejor situación financiera.

Más allá del diagnóstico médico

El deterioro de la percepción de salud sugiere que factores más amplios inciden en el bienestar. No se trata únicamente de la capacidad de diagnosticar y tratar enfermedades, sino de cómo las personas experimentan su salud en el día a día. Estrés económico, desigualdad, acceso desigual a servicios y calidad de vida son variables que la medicina moderna no siempre resuelve, aunque el arsenal farmacológico sea más potente que hace décadas.