La desaparición de la aviadora estadounidense Amelia Earhart en 1937 sigue siendo uno de los grandes enigmas de la historia. Hace casi noventa años, cuando intentaba completar un vuelo de circunnavegación, Earhart y su copiloto Fred Noonan desaparecieron sin dejar rastro. Desde entonces, su caso ha alimentado especulaciones y teorías encontradas sobre qué sucedió.

Ahora, un equipo del Archaeological Legacy Institute (ALI) y la Universidad de Purdue iniciará una expedición a la isla Nikumaroro, en Kiribati (Pacífico Central), buscando resolver el misterio. Los investigadores viajan a bordo de un buque de la marina nacional de Kiribati con la misión de examinar una "anomalía visual" detectada en imágenes satelitales de 2020.

Qué buscan en Nikumaroro

Los investigadores denominan al objeto el "Objeto Taraia". Según sus análisis, las dimensiones coinciden con el fuselaje y la cola del Electra, el avión que pilotaba Earhart. Además, señalan que el objeto parece ser muy reflectante, probablemente metálico. Lo interesante es que este objeto ya era visible en fotografías aéreas de 1938, apenas un año después de la desaparición.

El viaje de Earhart comenzó en California. Cruzó Sudamérica, África y Asia hasta llegar a Papúa Nueva Guinea el 2 de julio de 1937. Desde allí, ella y Noonan debían volar hacia Hawái para luego regresar a California. Sin embargo, desaparecieron cuando intentaban alcanzar la isla de Howland para repostar, ubicada no muy lejos de Nikumaroro.

Escepticismo en la comunidad científica

Aunque el equipo del ALI tiene esperanzas, otros especialistas muestran dudas. Ric Gillespie, experto en recuperación de restos de aviones históricos, expresó su incredulidad sobre hallazgos en la zona. Según su análisis, el avión probablemente se desintegró hace décadas y sus fragmentos fueron arrastrados a las profundidades del océano.

Los intentos anteriores no han resultado fructíferos. En 2024, otro grupo de investigadores anunció haber encontrado el avión a casi 4.900 metros de profundidad mediante imágenes de sonar, pero luego se confirmó que era solo una formación rocosa. A lo largo de las décadas, múltiples teorías han circulado: desde un accidente por falta de combustible hasta problemas de comunicación que impidieron coordinar el rescate.