La temporada de calçots comienza en otoño. Para quienes tengan un pequeño huerto y quieran cultivarlos en casa, es el momento ideal para empezar el proceso que culminará con la cosecha invernal.

El primer paso: plantación y enterrado parcial

La plantación requiere cuidado en los detalles. Lo primero es dejar aproximadamente cuatro dedos de separación entre cada calçot para que tengan espacio suficiente. Es importante enterrarlos de forma parcial: no deben quedar completamente bajo tierra. Debe quedar una pequeña parte expuesta para que reciba luz solar directa.

Contrario a lo que algunos creen, no es necesario cortar la parte superior antes de plantar. Esta práctica de corte viene de épocas con mayor pluviosidad, cuando se hacía para evitar pudriciones y facilitar que respiraran y brotaran. Actualmente no es indispensable.

Una vez plantados, comienza el riego regular para mantener la tierra húmeda.

El proceso que le da nombre: el calzado

A medida que la planta crece, llega la fase decisiva: el "calzado". Este es precisamente el proceso que da origen al nombre del vegetal. Consiste en acumular tierra progresivamente alrededor de la base mientras crece. Esta acción cumple una función específica: protege de la luz la parte enterrada, lo que genera el color blanco característico que define a un calçot de calidad.

Este blanqueamiento es lo que diferencia un calçot bien cultivado de otros vegetales similares. El color blanco indica que esa sección estuvo protegida de la luz solar durante su desarrollo.