La vivienda es la riqueza por excelencia en España. Dos de cada tres euros del patrimonio total de las familias españolas están concentrados en inmuebles: una cifra de 5,6 billones de euros netos que incluye viviendas, suelo, oficinas, comercios y tierras. Es decir, unos 288.420 euros por hogar en propiedad inmobiliaria. El dinero en depósitos bancarios, participaciones empresariales y otros activos financieros ocupa un lugar muy secundario.
Una concentración aún mayor en las clases medias
Lo interesante aparece cuando se analiza según niveles de riqueza. La población más adinerada del país (el 25% superior) posee una cartera más diversificada, con acciones, fondos de inversión y otros productos financieros. Pero en el resto de la población —las clases baja, media y media alta— la realidad es casi unidimensional: el 92% del patrimonio es de naturaleza inmobiliaria. Para la mayoría de los españoles, la vivienda no es solo un lugar donde vivir, sino prácticamente su única forma de crear riqueza y patrimonio.
Este patrón es característico de toda Europa. En Francia el 91% del patrimonio de estos grupos es inmobiliario, en Italia alcanza el 84%, y en Alemania llega al 78%. Con todo, España se encuentra en el extremo superior de esta concentración. En Estados Unidos, el contraste es radical: el patrimonio inmobiliario nunca supera el 50%, ni siquiera en la población con menos recursos. Los estadounidenses diversifican mucho más en acciones, fondos de pensiones y otros negocios.
¿Quién controla el mercado?
Un dato que matiza el debate actual: aunque los fondos de inversión —los llamados fondos buitre— han ganado protagonismo en las protestas sociales de los últimos tiempos, su control real del mercado es limitado. Según datos del Banco de España de 2021, las sociedades (incluidos estos fondos) poseen apenas el 8,1% de las viviendas en alquiler del país. La mayoría de los inmuebles siguen siendo propiedad de particulares que poseen entre uno y cinco bienes. El 92% de los propietarios son personas físicas, no empresas.
Esta realidad expone una tensión creciente: mientras unos luchan por acceder a vivienda en mercados con precios prohibitivos, otros ven cómo su principal fuente de riqueza aumenta de valor año a año. Para millones de españoles, subidas de precios que generan preocupación en unos resultan beneficiosas para otros.