Las arcas públicas recibieron 172.916 millones de euros en impuestos durante los primeros ocho meses del año, una cifra récord que representa un crecimiento de casi el 9% frente al mismo período de 2025. Este aumento de 14.063 millones extra contrasta con una realidad incómoda: el gasto público sigue creciendo más rápido que lo ingresado.

El IRPF lidera el crecimiento tributario

El impuesto sobre la renta de las personas físicas (IRPF) fue el gran motor de este incremento. Su recaudación saltó un 21,2%, alcanzando los 49.876 millones. Este fenómeno obedece a varios factores: más empleo, salarios nominales más altos, incremento de las bases de cotización y cambios en la normativa tributaria.

Los impuestos sobre el patrimonio y la renta en general (categoría que incluye el IRPF) llegaron a 81.943 millones, un 16% más que hace un año. El Impuesto sobre Sociedades también creció, aunque con menos vigor: subió un 7,6% hasta los 26.791 millones. El impuesto sobre la renta de no residentes avanzó un 19,4%, alcanzando 4.287 millones.

El escudo energético cuesta caro a las arcas

Los impuestos sobre producción e importaciones aumentaron un 3,2%, llegando a 90.805 millones. El IVA creció un 5,6% hasta 69.783 millones.

Sin embargo, las medidas fiscales adoptadas desde marzo para contener los precios de la energía han dejado un agujero: 2.495 millones de euros sin recaudar. El Impuesto Especial sobre Hidrocarburos cayó un 9,7%, la electricidad se redujo un 21,4%, y el tributo sobre la producción de energía eléctrica bajó un 15,3%.

En el lado opuesto, el Impuesto sobre Primas de Seguros subió un 7,8%, e inesperadamente, el Impuesto sobre Transacciones Financieras disparó un 38,6%.

El gasto público en cambio alcanzó 255.475 millones, con un aumento del 11,6%. El déficit de las administraciones públicas (sin contar la local) llegó a 32.892 millones a finales de julio, un 1,8% superior al del año anterior. La brecha entre ingresos y gastos sigue siendo preocupante.