Un nódulo pulmonar es una pequeña lesión o crecimiento de tejido en el pulmón, generalmente de menos de tres centímetros de diámetro. Puede tener forma redondeada u ovalada y aparecer en uno o varios puntos del órgano.

Se trata de un hallazgo relativamente frecuente. Hasta la mitad de los adultos mayores de 50 años que se someten a una radiografía de tórax o una tomografía computada presentan alguno. Lo importante es que en la mayoría de los casos son benignos y no tienen relación con el cáncer.

¿De dónde surgen?

Muchos nódulos pulmonares se originan por infecciones respiratorias anteriores, pequeñas cicatrices en el tejido del pulmón u otros procesos no cancerosos. Sin embargo, algunos pueden corresponder a un cáncer de pulmón en fases iniciales, lo que explica por qué los médicos los monitorean. Cuando se detectan tempranamente, la tasa de curación alcanza entre 80 y 90 por ciento.

Cómo se evalúan

La mayoría de los nódulos pulmonares no produce síntomas y se descubren por accidente durante pruebas médicas por otros motivos. Cuando aparecen síntomas, pueden incluir tos persistente, tos con sangre, dificultad para respirar o infecciones respiratorias recurrentes, aunque estas manifestaciones también pueden estar relacionadas con otras enfermedades.

Los médicos valoran diferentes características para estimar el riesgo: tamaño, forma, aspecto de los bordes, localización y cambios en el tiempo. También consideran factores del paciente como la edad, consumo de tabaco y antecedentes familiares de cáncer pulmonar.

Un nódulo pequeño que permanece estable es más probable que sea benigno. De hecho, hasta 97 por ciento de los nódulos resultan benignos. En cambio, uno que crece o presenta bordes irregulares requiere una evaluación más exhaustiva. Los médicos pueden hacer seguimiento con nuevas tomografías, utilizar tomografía por emisión de positrones para estudiar la actividad metabólica del tejido, o realizar una biopsia para analizar las células en el laboratorio.